El humo inquieto de su inspiración no me incomodaba.
Humo que subía al unísono que llevaba la mano a su boca.
No le gustó la risa que le salía de sus pies azules.
Lo mísmo de siempre, empezar la historia con un ritmo de pie
que no ayuda en el bostezo que me aborda en cada
bocanada de humo ventilado.
Pajar de locuras
En el catálogo de tonterías llenamos el tiempo con canto, lloro
y risa.
Y ¿si nos ve alguien, tonto?
Diría que son cosas absurdas pero al final las acciones llenan
un fin de semana mágico de noches que permanecen
en las mentes invertidas que pestañean
sosteniendo una copa de vino.
Locuras de amor lujurioso que invocan el desastre de un silencio, interrumpido por un móvil selvático.
Recuerdo de mi abrazo en tu ausencia
¿Y en qué terminaba?
Pero díme loco amor que martirizo en un nudo de pies que abrazo.
Yo lo diría: abrazo sus piernas sintiendo sus jeans en mi cara.
Yo le contestaría: Mis jeans que sienten tu cara sintiendo.
Ella lo acabaría así: esto lo he soñado.
Yo lo acabaría: te he soñado toda la vida.
No lo entiendo
Yo te voy tirando a poquito ausencias de olvido,
y te hago moder luces de mechero que viste antes del antes,
cuando no estabas y llenaba mi tiempo con tu tiempo
en tu ausencia.

En una noche vacía de tiempo escribo esto. Luego meto una respiración en el hueco que deja mi bolígrafo sobre el papel y es entoces cuando pasa mi vida, rápida, sin que yo pueda agarrarla por el pescuezo.
En noviembre el grupo Dríades vamos a presentar TE QUIERO, MUÑECA de Ernesto Caballero. Y ahí estamos... creando el monstruo.
El día 3 de Junio Teatro del Otro Día estrena el HOMBRE COJO, TRAGEDIA EXPRESIONISTA. Los días 8, 9, 10 y 11 de Junio la represetamos en el Teatro KARPAS de Madrid y la semana siguiente en el teatro LIBERARTE.
Ella se acercó a él mientras escribía en el ordenador. Leyó, “No te quiero”, ella le borró el “No”, y él siguió escribiendo “Te quiero dejar”, y ella añadió “ Te quiero dejar satisfecha”. Luego, él tecleó “ Te quiero dejar satisfecha, por eso me voy”, y ella añadió “Te quiero dejar satisfecha, por eso me voy a comprarte el cielo”. Él dejó de escribir y puso cara de despedida, pero ella puso los dedos en las comisuras de sus labios y estiró hasta dibujarle una sonrisa en la cara. Luego el elevó las cejas y ella le sopló en el ojo un te quiero. Y aquí ... pero ella siguió soplando y dejó este cuento sin final.
Respiro en el hueco profundo el aire mefítico que mi propio
cuerpo acaba de expulsar, en un ciclo de aromas asquerosos que se mezcla con mis recuerdos de soledad.
Es como morder el metal y sentir el frío que te envuelve la espalda cuando ves una muerte de un hombre.Es como ampliar la agonía de un perro que ha convivido durante años contigo.
Es la felicidad fácil de compartir un deseo de inmortalidad, por tanto, te quiero.
Te quiero para no estar solo en mi muerte.
Te quiero porque soy egoísta.
Te quiero porque mientras escribo esto, me
Estoy hartando y quiero dejar bien claro que no
Escribo sobre la felicidad de cipreses en las orillas
De lo rios, o de lo enamorados que enlazan sus
Manos en las calles del Cairo mientras alguien
Habla por móvil con su hermano que es judio y
Que además es homosexual.
Te quiero porque no tengo más remedio.
Te quiero porque no estás.
Te quiero porque de otra forma me moriría solo.
Te quiero porque soy un hijo de puta que quiere
Disfrutar del sexo, mirando cómo te derrites en mis brazos.
Te quiero y te lo digo sin tener que decir palabras bonitas.
Mira lo que hago, voy a buscar las palabras más feas
Para que no digas que digo cosas raras;
Fulcro, rémora, sapo, pienso, casado, gaseado, pan, mordisco.
Mira que como te muevas me reprimo en deseo de
besarte en tu cabeza hueca de amores que piensan
en corazones rojos en forma de manzana.
Cuando muera, nadie se dará cuenta que mis posibilidades de hoy se convirtieron en poema que he hecho adrede para que
No lo parezca.
A la mierda.
cuerpo acaba de expulsar, en un ciclo de aromas asquerosos que se mezcla con mis recuerdos de soledad.
Es como morder el metal y sentir el frío que te envuelve la espalda cuando ves una muerte de un hombre.Es como ampliar la agonía de un perro que ha convivido durante años contigo.
Es la felicidad fácil de compartir un deseo de inmortalidad, por tanto, te quiero.
Te quiero para no estar solo en mi muerte.
Te quiero porque soy egoísta.
Te quiero porque mientras escribo esto, me
Estoy hartando y quiero dejar bien claro que no
Escribo sobre la felicidad de cipreses en las orillas
De lo rios, o de lo enamorados que enlazan sus
Manos en las calles del Cairo mientras alguien
Habla por móvil con su hermano que es judio y
Que además es homosexual.
Te quiero porque no tengo más remedio.
Te quiero porque no estás.
Te quiero porque de otra forma me moriría solo.
Te quiero porque soy un hijo de puta que quiere
Disfrutar del sexo, mirando cómo te derrites en mis brazos.
Te quiero y te lo digo sin tener que decir palabras bonitas.
Mira lo que hago, voy a buscar las palabras más feas
Para que no digas que digo cosas raras;
Fulcro, rémora, sapo, pienso, casado, gaseado, pan, mordisco.
Mira que como te muevas me reprimo en deseo de
besarte en tu cabeza hueca de amores que piensan
en corazones rojos en forma de manzana.
Cuando muera, nadie se dará cuenta que mis posibilidades de hoy se convirtieron en poema que he hecho adrede para que
No lo parezca.
A la mierda.
Inquieto malestar de la continuidad
Te espero en el café de la esquina del desierto,
escribiendo poemas largos que me llegan hasta los hombros.
Córtate esos poemas que te sientan mal, me dijiste.
Luego me desprendí de la tristeza que me chorreaba por el
pelo hasta caer en el café de la melancolía que estaba
tomando en el Café Bagdad.
Abrí la puerta y sentí la arena del desierto y a Jack Palace
que riéndose de alegría tonta me llamaba pequeño.
Pequeño sabor a sirope de la camarera que se derretía sobre
mi tostada quemada por la necedad de esperar a algo que
nunca acaba de venir y que espero sentado, aquí en el café Bagdad,
sentado en un sillón de sky rojo.
Afuera el desierto de una arena amarilla que silba las canciones
que nunca logré to whisper en tus oídos morcilla.
Estoy solo con la camarera derretida en mi tostada quemada
de un acelerón de amor encabritado.
Aquí me quedo esperándote.
Te espero en el café de la esquina del desierto,
escribiendo poemas largos que me llegan hasta los hombros.
Córtate esos poemas que te sientan mal, me dijiste.
Luego me desprendí de la tristeza que me chorreaba por el
pelo hasta caer en el café de la melancolía que estaba
tomando en el Café Bagdad.
Abrí la puerta y sentí la arena del desierto y a Jack Palace
que riéndose de alegría tonta me llamaba pequeño.
Pequeño sabor a sirope de la camarera que se derretía sobre
mi tostada quemada por la necedad de esperar a algo que
nunca acaba de venir y que espero sentado, aquí en el café Bagdad,
sentado en un sillón de sky rojo.
Afuera el desierto de una arena amarilla que silba las canciones
que nunca logré to whisper en tus oídos morcilla.
Estoy solo con la camarera derretida en mi tostada quemada
de un acelerón de amor encabritado.
Aquí me quedo esperándote.
Acto primero.
Al nacer no lloré. Simplemente sentí como el oxígeno y el nitrógeno del aire me asfixiaba y que me moría. Acepté mi destino, debía nacer y alejarme de la nada de donde venía.
Acto segundo.
Cuando aún veía a mi madre como un planeta que me atraía con su fuerza gravitacional me di cuenta de que existía. Era consciente de mí mismo por el simple hecho de caminar al lado de mi madre de vuelta del supermercado, con el carro de la compra lleno de fruta y pescados envueltos en papel de traza, de sentir el gorro de lana que apretaba mi cabeza, de sentir los tirones de la mano de mi madre mientras llegábamos a casa.
Acto tercero.
Me enamoré, me desenamoré, me volví a enamorar.
Acto cuarto.
Al morir no lloré. Simplemente sentí como el oxígeno y el nitrógeno del aire me asfixiaba y que me moría. Acepté mi destino, debía morir y alejarme hacia la nada de donde venía.
Al nacer no lloré. Simplemente sentí como el oxígeno y el nitrógeno del aire me asfixiaba y que me moría. Acepté mi destino, debía nacer y alejarme de la nada de donde venía.
Acto segundo.
Cuando aún veía a mi madre como un planeta que me atraía con su fuerza gravitacional me di cuenta de que existía. Era consciente de mí mismo por el simple hecho de caminar al lado de mi madre de vuelta del supermercado, con el carro de la compra lleno de fruta y pescados envueltos en papel de traza, de sentir el gorro de lana que apretaba mi cabeza, de sentir los tirones de la mano de mi madre mientras llegábamos a casa.
Acto tercero.
Me enamoré, me desenamoré, me volví a enamorar.
Acto cuarto.
Al morir no lloré. Simplemente sentí como el oxígeno y el nitrógeno del aire me asfixiaba y que me moría. Acepté mi destino, debía morir y alejarme hacia la nada de donde venía.
Cuando veo a Cary Grant en la pantalla, con esos pantalones azules que se los sube hasta los pectorales y esa forma de besar poniendo la palma de la mano en la delicada espalda de la señorita, me pregunto; ¿Cómo es posible que alguien tenga tanta elegancia? Incluso cuando escapa de una avioneta asesina en la mitad de un desierto de trigales lo hace con estilo. Supongo que es eso, cuestión de estilo.
Cuando la vi llorar pensé en los pingüinos. No sé por qué pensé en los pingüinos si nunca he visto llorar a ninguno. Sus ojos verdes vidriosos llorando en el frío polar de mi apartamento. Envidio a la gente que puede llorar por las cosas simples, porque siempre que lo he hecho yo ha sido por amputaciones drásticas del alma. Me gustaría llorar porque llueve o porque el mueble de IKEA lo va a montar su puta madre y ahí se queda, o porque es martes y mañana miércoles, pero no. Mira que lo intento y no puedo. Después de pensar en los pingüinos pensé en ella. La miré dos veces, ya que una de ellas erré y sin querer miré al cuadro de Schiele que tengo en la columna. Cuando acerté a mirarla a los ojos intuí su tristeza infinita y preferí volver a pensar en los pingüinos y en el largo invierno que sufren.

La indecisión. La decisión es un corte, una separación, un salto. Etimológicamente, procede de caedere, que significa cortar
Mientras escribo esto observo la piedra del muro de Berlín que tengo ridículamente encarcelada dentro del metacrilato de un llavero. Conserva el color azul de la pintura de algún dibujo que decoraba el muro. ¿A qué lado pertenecía?. Another brick falls from the wall.

Cuenta mi madre que cuando mi bisuabuelo era un bebé, se dormía mamando en el pecho de su madre que caía derrotada tras una demoledora jornada en el campo.
Una noche una serpiente subió sigilosamente a la cama donde el bebé mamaba. La serpiente aguardó su momento y con la rapidez de un relámpago aprovechó el descanso del bebé para clavar dulcemente sus colmillos en los senos hinchados de la mujer. En el mismo momento que mi bisabuelo fue a llorar, la serpiente metió su suave cola en su boca y juntos empezaron a mamar, con el mismo ritmo cadencioso de quien se muere de placer al sentir el calor maternal de un pecho de mujer.
De los cientos de muertes que me habitan,
ésta de hoy es la que menos me sangra.
Es la muerte que viene con las tardes,
cuando las sombras pálidas se alargan,
y los contornos se derrumban,
y se perfilan las montañas.
[...]
Ángel González
Este verano estuvimos en los Picos de Europa. La primera jornada fue bastante dura, fueron más de diez horas andando. Me gusta esta foto en la que estoy junto a Eva mirando las sombras de la montaña que acabámos de descender.

Hay instantes en los que te das cuenta que estas viviendo una vida. Tu propia vida. Dura una décima de segundo, el tiempo justo para que el objetivo de una cámara fotográfica lo capte.
.
Si vas a empreder el viaje hacia Itaca,
pide que tu camino sea largo,
rico en experiencias, en conocimiento.
[...]
Visita muchas ciudades de Egipto
y con avidez aprende de sus sabios.
Ten siempre a Itaca en la memoria,
llegar allí es tu meta.
[...]
Aunque pobre la encuentres, no te engañará Itaca
Rico en saber y en vida, como has vuelto
comprendes ya que significan las Itacas.
Ir a Egipto fue una experiencia dura y bonita a la vez. Cuando el avión se inclinó para tomar la pista y me ofreció la vista del Nilo en aquella calusosa noche de junio, sentí el agobio del trabajo. Abajo, en aquel mar de lucecitas que se extendían por el desierto, me esperaba la incertidumbre de poder hacer frente a un trabajo que me quedaba muy grande. Compartí algunos días con los ingenieros egipcios que trabajaban en un proyecto de un parque eólico junto al Mar Rojo. La que dirigía el grupo egipcio era una mujer con mucha personalidad que se llamaba Nadia. Su mirada delataba una inteligencia obtenida a lo largo de los años. Y allí que fuímos unos europeos con su arrogancia de ricos a enseñar a unos pobrecitos. Los pobrecitos fuimos nosotros, no he visto trabajar a nadie con tanta entrega como ellos, salir airosos con un triste ordenador o un fax que funcionaba cuando quería. Aprendí que el dinero tergiversa la realidad, que en las cenas de negocios no hay amigos, que el hombre serio se somete a la realidad, que aunque el olor a especias del Zoco inunde tus sentidos y que los puestos de Al-aljalili reflejen en tus ojos la belleza del ámbar, no podrás disfrutarlo si no eres consciente de tí mísmo.
Si vas a empreder el viaje hacia Itaca,
pide que tu camino sea largo,
rico en experiencias, en conocimiento.
[...]
Visita muchas ciudades de Egipto
y con avidez aprende de sus sabios.
Ten siempre a Itaca en la memoria,
llegar allí es tu meta.
[...]
Aunque pobre la encuentres, no te engañará Itaca
Rico en saber y en vida, como has vuelto
comprendes ya que significan las Itacas.
Ir a Egipto fue una experiencia dura y bonita a la vez. Cuando el avión se inclinó para tomar la pista y me ofreció la vista del Nilo en aquella calusosa noche de junio, sentí el agobio del trabajo. Abajo, en aquel mar de lucecitas que se extendían por el desierto, me esperaba la incertidumbre de poder hacer frente a un trabajo que me quedaba muy grande. Compartí algunos días con los ingenieros egipcios que trabajaban en un proyecto de un parque eólico junto al Mar Rojo. La que dirigía el grupo egipcio era una mujer con mucha personalidad que se llamaba Nadia. Su mirada delataba una inteligencia obtenida a lo largo de los años. Y allí que fuímos unos europeos con su arrogancia de ricos a enseñar a unos pobrecitos. Los pobrecitos fuimos nosotros, no he visto trabajar a nadie con tanta entrega como ellos, salir airosos con un triste ordenador o un fax que funcionaba cuando quería. Aprendí que el dinero tergiversa la realidad, que en las cenas de negocios no hay amigos, que el hombre serio se somete a la realidad, que aunque el olor a especias del Zoco inunde tus sentidos y que los puestos de Al-aljalili reflejen en tus ojos la belleza del ámbar, no podrás disfrutarlo si no eres consciente de tí mísmo.

Enciendo la televisión por el canal de Historia y me quedo embobado viendo un documental de un grupo español de la década de los setenta que se llamaba SMASH. El documental se llama "La ciudad del Arco Iris". En ese documental me entero que, durante esa década, Sevilla fue un centro de reclamo para todos los hippies de Europa. Me entero que SMASH fue pionero de la fusión del flamenco con otros géneros.
Aquí teneís un fragmento del blog de Imán Califato Independiente;
Smash inició su carrera musical a finales de los 60. Este movimiento que se adelantó a las fusiones tan prolíficas ahora, en las que se hermana el flamenco con otros géneros, tuvo su desarrollo entre 1970 y 1980, alcanzando su cénit mediada esa década. Pionero del rock andaluz.
Smash'se caracterizó por aunar en sus orígenes musicales andaluces la corriente entonces denominada "underground" que luego se trocó por "música progresiva", comenzando a ensayar en los últimos meses de 1968.

