Acto primero.
Al nacer no lloré. Simplemente sentí como el oxígeno y el nitrógeno del aire me asfixiaba y que me moría. Acepté mi destino, debía nacer y alejarme de la nada de donde venía.
Acto segundo.
Cuando aún veía a mi madre como un planeta que me atraía con su fuerza gravitacional me di cuenta de que existía. Era consciente de mí mismo por el simple hecho de caminar al lado de mi madre de vuelta del supermercado, con el carro de la compra lleno de fruta y pescados envueltos en papel de traza, de sentir el gorro de lana que apretaba mi cabeza, de sentir los tirones de la mano de mi madre mientras llegábamos a casa.
Acto tercero.
Me enamoré, me desenamoré, me volví a enamorar.
Acto cuarto.
Al morir no lloré. Simplemente sentí como el oxígeno y el nitrógeno del aire me asfixiaba y que me moría. Acepté mi destino, debía morir y alejarme hacia la nada de donde venía.
Al nacer no lloré. Simplemente sentí como el oxígeno y el nitrógeno del aire me asfixiaba y que me moría. Acepté mi destino, debía nacer y alejarme de la nada de donde venía.
Acto segundo.
Cuando aún veía a mi madre como un planeta que me atraía con su fuerza gravitacional me di cuenta de que existía. Era consciente de mí mismo por el simple hecho de caminar al lado de mi madre de vuelta del supermercado, con el carro de la compra lleno de fruta y pescados envueltos en papel de traza, de sentir el gorro de lana que apretaba mi cabeza, de sentir los tirones de la mano de mi madre mientras llegábamos a casa.
Acto tercero.
Me enamoré, me desenamoré, me volví a enamorar.
Acto cuarto.
Al morir no lloré. Simplemente sentí como el oxígeno y el nitrógeno del aire me asfixiaba y que me moría. Acepté mi destino, debía morir y alejarme hacia la nada de donde venía.

